No existe economía que crezca si es que no ahorra. El ahorro, transformado en inversión, es la sangre que da vida y hace crecer una economía. El desarrollo de proyectos que generan riqueza, promueve trabajo y bienestar para un pueblo. Para invertir hace falta dinero a mediano y largo plazo.
Escrito por: Manuel Ferreira Brusquetti No existe economía que crezca si es que no ahorra. El ahorro, transformado en inversión, es la sangre que da vida y hace crecer una economía. El desarrollo de proyectos que generan riqueza, promueve trabajo y bienestar para un pueblo. Para invertir hace falta dinero a mediano y largo plazo.
En nuestro país, el ahorro y la inversión tienen características propias de nuestra historia económica reciente.
Gran parte del ahorro nacional está invertido a
Esta característica estructural de la composición de los ahorros del público en el sistema financiero es la respuesta del ahorrista a las sucesivas crisis financieras que ha sufrido nuestro país: tanta gente ha perdido sus ahorros que la gente teme a los bancos. Lo peor de todo es que esto sigue ocurriendo a pesar de que el sistema financiero no es ni remotamente el mismo de aquellas crisis: hoy tenemos un sistema mucho más moderno y seguro, pero la desconfianza quedó y es difícil sacársela de encima.
El problema del depósito a la vista es que le impide al banco, financiera o cooperativa invertir ese dinero a plazo muy largo. Una entidad financiera seria coloca un fondo de corto plazo en un producto también de corto plazo por si es que es reclamado por sus propietarios, con lo cual el destino de esos fondos es financiar gasto de consumo.
Pero esto no se resume a los ahorristas privados. Otras entidades, como los fondos jubilatorios, en especial el IPS, que no necesitan disponer de sus fondos a corto plazo, también invierten a corto plazo. Muchas veces oí decir a sindicalistas que no querían que sus fondos (los del IPS) sean utilizados. Si bien el celo en proteger el ahorro de los trabajadores es siempre recomendable, lo irónico es que estos ahorros siempre han estado siendo utilizados, pero como no son proyectos de inversión, no generan trabajo para los trabajadores. En otras palabras, el dinero que es producto del trabajo no sirve para generar trabajo. La cosa no termina ahí: estos fondos de largo plazo al ser invertidos a corto plazo, compiten con el ahorro privado. Por el volumen de dinero que manejan estos fondos tienen mucho más poder de negociación que los privados, con lo cual la tasa de interés de éstos últimos sufre un castigo.
Desde la perspectiva de los fondos jubilatorios se puede notar que éstos no tienen realmente muchas alternativas de inversión. Nuestro país y nuestros empresarios no se han caracterizado precisamente por ofrecer negocios a los financistas. Existe una modorra en la presentación de alternativas de inversión adecuadas en fondo y en forma.
Una alternativa muy concreta que se está presentando actualmente en el Parlamento, es la modificación de ciertas leyes que permita a los fondos jubilatorios que así lo quisieren a invertir en bonos de
Creo que esto abre una puerta interesante para la inversión de largo plazo. Por un lado los fondos podrán comprar títulos localmente con la garantía de una cartera segura. La AFD, por su parte, podrá hacer “plata de la plata” ya que en vez de tener esos créditos esperando su vencimiento podrá usarlos como garantía para obtener nuevos fondos y volver a prestar dinero a largo plazo a más interesados.
Es preciso mirar estas nuevas propuestas desde una perspectiva pragmática. La AFD ha conseguido romper una situación estructural en el Paraguay: la inexistencia de créditos de largo plazo. Hoy existen más de 10 mil deudores a 10, 15 o 20 años de plazo que pudieron construirse una casa, hacer una pastura o montar una industria, con la consecuente creación de mano de obra que eso significó. Esto la hace una alternativa simple y viable. Si les permitimos al ahorro de largo plazo invertir en esta alternativa, todos podemos ganar.