Escrito por: Manuel Ferreira Brusquetti Muchas
veces al escribir estas líneas para intentar arrojar un poco de luz proponiendo
soluciones o tan sólo discutiendo problemas que nos aquejan como pueblo, me
asalta la duda de si alguna vez será posible alcanzar las metas que permitirán
llegar a desarrollar nuestro país.
¿Y
por qué plantearse el desarrollo? Es que sólo con desarrollo será posible que nuestros
compatriotas tengan, de una vez por todas, la oportunidad de ser lo que quieren
ser. La verdadera libertad es hija del desarrollo.
Para
alcanzar ese desarrollo es preciso un sinnúmero de cosas: instituciones
estables, crecimiento económico, un Estado eficiente, integrar a toda la sociedad
a los procesos políticos, sociales y económicos que se generen. Pero
fundamentalmente hacen falta valores. Valores en la población que permitan que
podamos alcanzar el objetivo colectivo del desarrollo.
Estos
valores no vienen solos y existen algunos de ellos que sirven para integrar a
los demás. La dignidad es uno de ellos, pues permite la suficiente
autoconfianza y amor propio para poder alcanzar los demás valores que son
necesarios en la gente para encarar acciones decididas que nos permitan desarrollarnos
como nación. ¿Tienen los paraguayos lo que se necesita para desarrollarnos? Los
acontecimientos de la semana que pasó nos ayudan a reflexionar.
Cuando
el sopor del calor, las vacaciones y la joda del verano nos estaba haciendo
olvidar nuestra dura realidad, ésta nos atropella con toda su crudeza. El
Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), sin el espíritu investigativo que
caracterizaría a un cientista social y desde la cobardía de tener secuestrado a
Fidel, plantea el experimento social más perverso pero tal vez más ilustrativo
que se haya desarrollado en nuestro país en su historia reciente. Obligan a la
familia de Fidel a convertirse en portadores de la “cortesía” del EPP. La
cortesía son 3 kilos de carne.
La
pregunta de investigación parece haber sido ¿Cómo reaccionará este pueblo hambreado
y marginado a un estímulo barato como sería el regalarle carne?
En
toda investigación científica la pregunta de investigación cuenta con una
hipótesis de respuesta, y esta respuesta es una estimación de lo que se cree
que pasará. Yo creo que la hipótesis de respuesta que se plantearon los
secuestradores ha sido: “Nos van a adorar por esto y van a apoyar nuestras
acciones”. Las respuestas de la población, si bien han sido diversas no han servido
para comprobar la hipótesis de los “investigadores”. Más bien parecen servir
para desecharla.
Las
respuestas de los afectados por el experimento han sido diversas.
Un
grupo de gente aceptó sin consideraciones la carne. No preguntó nada. No le
importó nada. Tomó lo que se le ofrecía. No importaba de donde venía.
Un
segundo grupo, probablemente apretado por la necesidad, la miseria, el hambre,
buscó una excusa. Tomó lo que se le daba pero decidió decir que le agradecía a
la familia Zavala. Se buscaron explicaciones. Se atinó a decir algo. Se dijo lo
que se pudo. El hambre le ganó a la dignidad.
Pero
fue en ese mar de tinieblas que se nos presentó a los paraguayos y al mundo la
primera luz al final del túnel. No vino de los paraguayos que nos vanagloriamos
de pertenecer al mundo globalizado, los que decimos llevar la luz. Vino del grupo
más inesperado. Vino de nuestros ancestros, los marginados, los más pobres de
los pobres. Los Mbya Guaraní nos mostraron el camino. El camino de empezar a
ser dignos. Ellos, los Mbyá no están dispuestos a cambiar dignidad por carne.
Ejemplos como el que encabezó esta pequeña y empobrecida comunidad indígena de uno de los más lejanos y abandonados rincones del país son los que muestran el camino. Gracias a ellos, hoy podemos estar seguros que en esta parte del mundo es posible construir un mundo mejor.