Durante todo el siglo XX el enfrentamiento ideológico fue en un solo eje y en una sola dimensión. El eje se movió entre la derecha y la izquierda y la única dimensión fue la económica.
Escrito por: Alberto Acosta Garbarino Durante todo el siglo XX el enfrentamiento ideológico fue en un solo eje y en una sola dimensión. El eje se movió entre la derecha y la izquierda y la única dimensión fue la económica.
La derecha defendía la libertad económica y la izquierda defendía la igualdad económica; la derecha creía que la libre empresa y el mercado eran la base de la riqueza, y la izquierda creía que la intervención del Estado era el medio para obtener igualdad y justicia social; la derecha hacia énfasis en aumentar la producción y la izquierda en mejorar la distribución.
Este debate parecía haber llegado a su fin en 1989, con la caída del muro de Berlín y el desplome del comunismo.
En ese momento muchos pensaron que había triunfado por siempre el modelo capitalista, sin embargo, la gran crisis económica mundial del 2008 que hizo colapsar a los mercados globales, nos demostró que el mercado no es perfecto y que se requiere algún tipo de intervención del Estado.
El debate ideológico en el aspecto económico nuevamente se ha abierto, ¿Cuanto mercado y cuanto Estado debemos tener?, ¿cuanta libertad y cuanta regulación son necesarias?, ¿Cómo aumentar la producción y como mejorar la distribución?, estos dilemas vuelven a discutirse en todo el mundo.
Pero paralelo a este enfrentamiento ideológico económico, ha comenzado a emerger con cada vez mas fuerza un nuevo eje, una nueva dimensión de discusión ideológica.
La nueva dimensión tiene que ver con las libertades personales, es decir con la libertad que tienen las personas para hacer con su vida y con su cuerpo lo que deseen, sin importar principios morales y religiosos que rigen desde hace varios siglos.
En esta nueva dimensión no podemos hablar de izquierda y de derecha, sino de conservadores y de progresistas.
Los conservadores son los partidarios de “conservar” los principios religiosos y morales que hicieron posible la aparición del capitalismo y el extraordinario desarrollo económico y social de los últimos doscientos años.
Recordemos que el padre del capitalismo Adam Smith fue profesor de Ética y Filosofía Moral en la Universidad de Glasgow-Escocia y que el gran economista y sociólogo alemán Max Weber en su libro “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” nos explicaba como la religión protestante y el puritanismo hicieron posible la aparición del capitalismo.
Sin embargo, los progresistas creen que el “progreso” solamente se logra con el cambio, con el cambio permanente, y no puede ser que en este siglo XXI, en plena revolución tecnológica, no cambiemos principios morales que nos impusieron en el siglo dieciocho.
Las uniones de hecho, el divorcio, el aborto, el uso de drogas, las parejas homosexuales y últimamente el matrimonio entre personas del mismo sexo, son los cambios apoyados por los progresistas.
Basados en estos dos ejes o dimensiones, la de libertad económica y la de libertad personal se pueden tener diversas posiciones ideológicas, pero las mas conocidas y extremas son dos: las del liberalismo-conservador (libertad económica pero no libertad personal), y la del socialismo-progresista (no libertad económica, pero sí libertad personal).
A la luz de lo que pasa en el Paraguay con el gobierno de Lugo y a la reciente aprobación en la Argentina del matrimonio gay, creo que como nunca es necesario un profundo debate en nuestro país sobre estos temas.
Tenemos que debatirlo en las universidades, en los medios masivos de comunicación y en las redes sociales.
Para poder debatirlo, primero tenemos que definir cada uno nuestra respectiva posición ideológica, para luego juntos ir definiendo democráticamente que clase de sociedad queremos tener.