Escrito por: Manuel Ferreira Brusquetti Las
crisis no son iguales en todos los países. Mientras nosotros nos peleamos por
reponer a jueces echados por juicio político, los argentinos se pelean para que
el Banco Central pague la deuda externa del país. Es que el Presidente del
Banco Central de la República Argentina (BCRA), Martín Redrado, se negó a pagar
deuda pública argentina con sus reservas internacionales, cuentas que son
responsabilidad del Ministerio de Economía. La presidenta argentina reaccionó a
la negativa de Redrado con un decreto por el cual lo removía de su cargo. El
final de historia es que terminó retrocediendo la presidenta, y el Presidente
del Central sigue en su puesto.
Localmente
existe la percepción de que lo mismo nos podría ocurrir. ¿Es nuestra situación
asimilable a lo que ocurre en Argentina? ¿Y quién tiene la razón? ¿Se debe o no
pagar deuda pública con reservas internacionales?
Si
uno se fija bien se dará cuenta que los billetes y monedas que utilizamos todos
los días son en realidad compromisos de pago del Banco Central, o sea son
deudas del Banco Central. En contrapartida, las reservas internacionales son
activos de la matriz financiera. Las reservas internacionales protegen la
cantidad de dinero y son garantías en la política monetaria del Banco Central
que cuidan y garantizan que los precios tendrán la mayor estabilidad posible.
Esta es la función que normalmente tienen las reservas.
El
último año, sin embargo, ha sido un año muy peculiar para la economía mundial.
La fuerte recesión mundial hizo que los gobiernos tengan que salir a gastar
para sustituir el gasto de los particulares que se había frenado, a los que se
sumaron los problemas de recaudación. El resultado final fue que gran parte de
los países, sobre todo los más duramente afectados por la crisis han tenido
fuertes déficits en sus cuentas públicas. Por esta razón, muchos Estados han
recurrido a sus respectivos bancos centrales para poder hacer frente a sus
obligaciones financieras internacionales. Esta no es, sin embargo, una
situación común.
El
caso de Argentina es diferente. El gobierno del vecino país ha venido generando
una política de gasto que es anterior a la crisis. En Argentina hay muchos subsidios:
el combustible, el pasaje urbano, los desempleados, la electricidad. La lista
es muy larga en un país que ha privilegiado la intervención de los mercados. El
gran problema con los subsidios es que generan incentivos muy específicos. Por
ejemplo, un subsidio al desempleo, si es ilimitado es una fábrica de haraganes:
el desempleado no tiene incentivos a conseguir trabajo.
Esto
no ha ocurrido en nuestro país. Paraguay no ha generado déficits, ni
estructural, ni coyunturalmente por efecto de altos gastos fiscales que se
hayan producido extraordinariamente por efecto de la crisis internacional. Es
que el país ha tenido en los últimos años una política que le ha permitido mantener
indicadores estables en casi todos los campos de la macroeconomía.
La
crisis tampoco ha afectado de manera fundamental las cuentas fiscales del
Estado paraguayo. Es que, a diferencia de muchos gobiernos del mundo, Paraguay
no ha generado gasto público para cubrir el gasto privado. Es que el gobierno
tardó en reconocer la crisis y cuando lo hizo, las rigideces propias del Estado
y la poca comunicación de la autoridad fiscal no le permitieron generar el
gasto de manera inmediata como se necesitaba. Un punto positivo es que también
se recaudó más en ciertos impuestos gracias a la gestión que se ha realizado en
el ámbito tributario.
No se preocupe, estimado lector a nosotros no nos va a pasar lo de Argentina. Nuestros problemas van a seguir siendo los mismos de siempre: el Poder Judicial, la sequía, la falta de gestión y que Fidel siga secuestrado.