10.01.2010
Lo de Argentina ¿nos puede pasar?
Las crisis no son iguales en todos los países. Mientras nosotros nos peleamos por reponer a jueces echados por juicio político, los argentinos se pelean para que el Banco Central pague la deuda externa del país.
Escrito por: Manuel Ferreira Brusquetti

Las crisis no son iguales en todos los países. Mientras nosotros nos peleamos por reponer a jueces echados por juicio político, los argentinos se pelean para que el Banco Central pague la deuda externa del país. Es que el Presidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Martín Redrado, se negó a pagar deuda pública argentina con sus reservas internacionales, cuentas que son responsabilidad del Ministerio de Economía. La presidenta argentina reaccionó a la negativa de Redrado con un decreto por el cual lo removía de su cargo. El final de historia es que terminó retrocediendo la presidenta, y el Presidente del Central sigue en su puesto.

Localmente existe la percepción de que lo mismo nos podría ocurrir. ¿Es nuestra situación asimilable a lo que ocurre en Argentina? ¿Y quién tiene la razón? ¿Se debe o no pagar deuda pública con reservas internacionales?

Si uno se fija bien se dará cuenta que los billetes y monedas que utilizamos todos los días son en realidad compromisos de pago del Banco Central, o sea son deudas del Banco Central. En contrapartida, las reservas internacionales son activos de la matriz financiera. Las reservas internacionales protegen la cantidad de dinero y son garantías en la política monetaria del Banco Central que cuidan y garantizan que los precios tendrán la mayor estabilidad posible. Esta es la función que normalmente tienen las reservas.

El último año, sin embargo, ha sido un año muy peculiar para la economía mundial. La fuerte recesión mundial hizo que los gobiernos tengan que salir a gastar para sustituir el gasto de los particulares que se había frenado, a los que se sumaron los problemas de recaudación. El resultado final fue que gran parte de los países, sobre todo los más duramente afectados por la crisis han tenido fuertes déficits en sus cuentas públicas. Por esta razón, muchos Estados han recurrido a sus respectivos bancos centrales para poder hacer frente a sus obligaciones financieras internacionales. Esta no es, sin embargo, una situación común.

El caso de Argentina es diferente. El gobierno del vecino país ha venido generando una política de gasto que es anterior a la crisis. En Argentina hay muchos subsidios: el combustible, el pasaje urbano, los desempleados, la electricidad. La lista es muy larga en un país que ha privilegiado la intervención de los mercados. El gran problema con los subsidios es que generan incentivos muy específicos. Por ejemplo, un subsidio al desempleo, si es ilimitado es una fábrica de haraganes: el desempleado no tiene incentivos a conseguir trabajo.

Esto no ha ocurrido en nuestro país. Paraguay no ha generado déficits, ni estructural, ni coyunturalmente por efecto de altos gastos fiscales que se hayan producido extraordinariamente por efecto de la crisis internacional. Es que el país ha tenido en los últimos años una política que le ha permitido mantener indicadores estables en casi todos los campos de la macroeconomía.

La crisis tampoco ha afectado de manera fundamental las cuentas fiscales del Estado paraguayo. Es que, a diferencia de muchos gobiernos del mundo, Paraguay no ha generado gasto público para cubrir el gasto privado. Es que el gobierno tardó en reconocer la crisis y cuando lo hizo, las rigideces propias del Estado y la poca comunicación de la autoridad fiscal no le permitieron generar el gasto de manera inmediata como se necesitaba. Un punto positivo es que también se recaudó más en ciertos impuestos gracias a la gestión que se ha realizado en el ámbito tributario.


No se preocupe, estimado lector a nosotros no nos va a pasar lo de Argentina. Nuestros problemas van a seguir siendo los mismos de siempre: el Poder Judicial, la sequía, la falta de gestión y que Fidel siga secuestrado.