Escrito por: Manuel Ferreira Brusquetti Lastimosamente a veces
necesitamos de situaciones extremas para poder comprender y descubrir actitudes
y condiciones en gente que ya conocemos, e incluso conocer gente nueva que no
conocíamos. Esto es lo que me ha ocurrido a mí en estos 94 días de calvario que
sufriste, Fidel.
Habiendo estado ausente e
incomunicado recién te vas enterando de cómo se transformaron nuestros mundos,
los más pequeños, de la familia, de los amigos, pero también los más grandes,
los más colectivos, los de la patria, del Estado, de la nación. Estas líneas
quieren contribuir a sumar a esa información que sé que hoy te es urgente.
Tuve la suerte de poder decírtelo
en persona: aprendí que hay que saber vivir momentos y decir lo que uno siente
cuando la gente que uno quiere está. Después puede ser tarde. La gran duda de
si volvería a verte que me consumía por dentro, tantas noches me impidió dormir
y tantas veces me hizo llorar, hoy se ha ido. Pero ha quedado la lección. Hoy
te lo vuelvo a decir: estoy orgulloso de que seas mi amigo. Cómo te extrañamos,
hermano querido. ¡Qué impotencia todos estos días!
En estos 94 días descubrí tu
familia, Fidel. Tal vez dos palabras basten para describirla: amor y coraje.
Amor por vos, por tu vida, por lo que representás, por lo que fuiste, sos y vas
a seguir siendo para ellos. Coraje para enfrentar estos días, con una
dedicación completa a un solo tema: traerte de vuelta sano y salvo.
Descubrí que los héroes no son
seres perfectos e inalcanzables. Los héroes son seres humanos de carne y hueso
que enfrentados a situaciones límite son capaces de sacar lo mejor de cada uno.
Descubrí héroes en Diego, en Gonzalo, en todos tus hermanos. Descubrí héroes en
Facu, Gero y Santi que a sus cortas edades se la bancaron como el que más. En tus
sobrinos, tus primos, tus tíos. Todos al pie del cañón, Fidel. Descubrí
heroínas en tu mamá y en Silvina. Las tenedoras de la fuerza, el sostén, el
estoicismo. ¡Qué mujeres tenés, Fidel, qué mujeres! Descubrí héroes en tus
amigos, representados en Ricardo, que sufrió y puso todo de sí, puso lo mejor
que tiene, y eso, lo sabemos vos y yo, no es poca cosa.
Descubrí tu pueblo, hermano
querido. Paraguay lloró tu ausencia. Te arrulló como a un hijo amado. Un pueblo
bueno, de gente buena. Gente que quiere un futuro. Y vos representás ese futuro.
Un futuro de esperanza, de trabajo. Un futuro de vida y no de supervivencia.
Y te descubrí a vos, Fidel.
Hombre, con todas las letras. Hombre. Siempre supe de tus dotes de trabajo, de
honestidad, de tu inteligencia, tu compromiso con la gente, con el país. Tu
cautiverio sirvió para enseñarme más de vos. Enseñarme tu coraje. Tu capacidad
de aguantar situaciones de sacrificio inmenso y hacerlo manteniendo la lucidez.
Ellos no te quebraron, Fidel. No
pudieron con vos. Te hicieron sufrir. Te torturaron psicológicamente. Te
mantuvieron 94 días esposado a un árbol. Pero no te doblegaron. Cuando llegaste
nos impresionaste a todos, nos diste una lección. Hablaste de los demás,
hablaste de la necesidad de cambiar el país. De transformar este caldo de
cultivo de malandros y delincuentes en un país para todos, el mensaje caló
hondo. Nos llegó a todos.
Cuando te secuestraron las
ladinas hermanas: traición, barbarie, equivocación y cobardía, escribí una
frase que en ese momento no quería haber escrito: “Todos somos Fidel”. Ojalá
nunca haya tenido que escribirla. Me dolió mucho tener que hacerlo. Pero la
frase llegó y se hizo pueblo.