El Bicentenario debería servirnos a los paraguayos para reconciliarnos y para analizar juntos nuestra rica historia. No para anclarnos en el pasado, sino para aprender y poder proyectarnos hacia el futuro.
Escrito por: Alberto Acosta Garbarino El sábado 1º de enero, en un acto realizado frente al Cabildo, se iniciaron las celebraciones del Bicentenario de nuestra independencia.
Me preocupa que en dicho acto se hayan escuchado insultos a los oradores y discursos tan huecos o cargados de patrioterismo por parte de los mismos.
El Bicentenario debería servirnos a los paraguayos para reconciliarnos y para analizar juntos nuestra rica historia. No para anclarnos en el pasado, sino para aprender y poder proyectarnos hacia el futuro.
En una rápida revisión histórica, vemos que el Paraguay fue “dependiente” del Imperio Español hasta 1811. La gesta de mayo nos liberó de ese yugo y pasamos a ser libres e “independientes”. Pero perder al amo que somete, pero también protege, tiene sus riesgos.
El primer riesgo para la independencia del Paraguay provino de la Junta de Buenos Aires, que quiso convertir a nuestro país en una provincia “dependiente” del gobierno porteño.
Pero ese intento fue contenido gracias a las políticas aislacionistas de Gaspar Rodríguez de Francia. El Paraguay se mantuvo “independiente”, pero aislado.
Esta situación fue modificada con nuestra derrota en la guerra de la Triple Alianza. A partir de la misma, pasamos a ser “independientes/dependientes”, por la enorme influencia anglo-argentina en nuestro país.
El mundo se transformó con la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos desplazó a Inglaterra como la gran potencia hegemónica y en Sudamérica la Argentina, alineada con los ingleses, fue desplazada por el Brasil como potencia regional.
Es que Brasil desde la época del Barón de Río Branco, creador del moderno Itamarati en 1902, se dio cuenta que EEUU iba a ser una gran potencia mundial y alineo su política exterior a los grandes intereses norteamericanos.
A partir de este cambio mundial y regional, el eje norteamericano-brasilero tuvo una gran influencia en el Paraguay. La larga dictadura de Stroessner y la intervención en momentos de crisis de nuestra democracia, son pruebas de esta afirmación.
El pasado nos dice, que en los primeros 60 años de vida independiente tuvimos una “independencia aislacionista” y en los siguientes 140 años una “independencia/dependencia”. Pero la constante fue el atraso y el subdesarrollo.
Si miramos hacia el futuro, vemos un mundo cambiando hacia la multipolaridad, es decir, sin una sola potencia hegemónica sino con varias potencias reunidas en algún esquema de gobierno mundial.
El papel de EEUU va a continuar siendo importante pero menos dominante, mientras que el Brasil va a tener un protagonismo cada vez mayor.
El Paraguay tiene que definir su estrategia de desarrollo basado en esta nueva realidad y… en la vecindad con el Brasil.
Una opción es “aislarnos para ser independientes”; la segunda opción, es mantener esta relación de “independencia/dependencia” rayando la mendicidad, que hoy tenemos; y la tercera y única opción si queremos el desarrollo, es ser “independiente pero integrado a la región y al mundo”.
Para que esto último sea posible; internamente, tenemos que consensuar una estrategia de integración, y externamente, tenemos que conocer como se toman las decisiones dentro del Brasil y procurar influir para que las mismas beneficien o no perjudiquen al Paraguay.
El Brasil es mucho más que su gobierno federal. Son también los gobiernos estaduales, municipales, sus empresas, sus sindicatos, sus ONGs, su prensa, etc. Si entendemos ese entramado de poder, vamos a poder sacar ventajas al interactuar con el gigante.
Solamente así vamos a poder desarrollarnos y mantener nuestra “independencia”. No la actual, sino una “independencia integracionista”, una “inter-dependencia” con los otros países del mundo.