En un análisis muy simple de la política, podemos dividir a las personas que participan de la misma en dos grupos: el que tiene como único objetivo el lucrar económicamente y el que quiere transformar la sociedad.
Escrito por: Alberto Acosta Garbarino En un análisis muy simple de la política, podemos dividir a las personas que participan de la misma en dos grupos: el que tiene como único objetivo el lucrar económicamente y el que quiere transformar la sociedad.
A estos grupos también en forma muy simple, muchos los llaman los “corruptos” y los “honestos”, o los más cínicos los llaman los pragmáticos y los idealistas.
En el Paraguay democrático en forma simplista, mucha gente asimiló a los colorados con la corrupción y el pragmatismo y a los opositores con la honestidad y el idealismo.
Por eso no nos debería haber sorprendido que la lucha política de los últimos dieciocho años estuviera limitada a construir la unión de la oposición, para derrotar a esa maquinaria corrupta que controlaba el Estado y el Partido Colorado y que nos mantenía en el atraso, la pobreza y la desigualdad.
Ese escenario cambió totalmente desde el 20 de abril del 2008, cuando la oposición consiguió derrotar al Partido Colorado.
A partir de ahí la situación se ha vuelto mucho más compleja y para muchos más anárquica. Las clasificaciones sencillas que teníamos antes ya no nos sirven para entender la nueva realidad.
La corrupción, el clientelismo y el prebendarismo ya no son patrimonio exclusivo del Partido Colorado y los que tienen una visión pragmática de la política siguen controlando el Poder Judicial y tienen los votos suficientes para bloquear en el Parlamento cualquier iniciativa del Poder Ejecutivo.
Para hacer más difíciles los cambios, en el grupo que simplistamente le llamamos de honestos e idealistas, existe claramente una división entre los colectivistas y los individualistas.
El colectivismo y el individualismo son los dos extremos para una sociedad. Si uno observa la historia de la humanidad, hasta 1800 gran parte de las sociedades eran “colectivistas”, donde la voluntad individual debía someterse a los deseos de la sociedad en su conjunto.
Desde 1800 en adelante, con
A partir de ahí el gran debate político fue entre los individualistas y los colectivistas, entre los que creen en el mercado y los que creen en el Estado, entre los que aceptan las diferencias y desigualdades y los que quieren la uniformidad y la igualdad.
La experiencia reciente más conocida de colectivismo ha sido
A su vez la experiencia individualista más conocida es la norteamericana, que ha sido muy exitosa hasta mediados del siglo pasado, pero que en las últimas décadas ha sido la causante del desenfreno consumista que esta destruyendo nuestro planeta, y del desenfreno hedonista que está destrozando los valores morales de nuestra sociedad.
Esta reflexión me parece necesaria para entender nuestro Paraguay actual, donde lo constante es el enfrentamiento de “todos contra todos”.
Honestos contra corruptos, colectivistas contra indivualistas, campesinos contra productores, nicanoristas contra castiglionistas, franquistas contra llanistas, etc.
Si queremos construir un Paraguay diferente tenemos que cambiar profundamente nuestras actitudes, tenemos que mirar el futuro y no el pasado, tenemos que trabajar en los temas que nos unen y no en los que nos separan, tenemos que encontrar el justo medio entre los intereses de los individuos y los de la sociedad.