Escrito por: Alberto Acosta Garbarino Hace casi un siglo, ese gran estadista paraguayo que fue Eusebio Ayala se preguntaba: “¿Por qué los paraguayos le damos tanta importancia a lo que nos divide y no a los que nos une?”.
Esta pregunta hasta hoy no tiene respuesta, porque si recorremos la historia del Paraguay, veremos cómo un país tan homogéneo en lo cultural, en lo racial y en lo religioso, ha vivido en permanentes enfrentamientos y divisiones. Lopistas contra anti-lopistas en el siglo XIX, stronistas contra anti-stronistas en el siglo XX, y colorados contra liberales a lo largo de toda nuestra historia, por citar solo algunos ejemplos.
Sin embargo, cuando tuvimos enfrente grandes desafíos, sí ha sido posible la unión nacional.
Uno de esos momentos se vivió durante las dos grandes guerras que sufrió nuestro país, la de la Triple Alianza en 1864 y la del Chaco en 1932.
En esos momentos dejamos de lado nuestras rencillas internas y todos juntos luchamos para defender a nuestra patria amenazada.
Felizmente en los últimos 50 años, ha ido apareciendo -cada vez con más fuerza- otro acontecimiento que hace posible la unión de todos los paraguayos.
Ese acontecimiento es el fútbol y más específicamente la “selección paraguaya de fútbol” o la “albirroja”.
Cuando juega la “albirroja” todos nos unimos en un sentimiento común, ese es el nuevo momento mágico de unión nacional, sin los riesgos ni las consecuencias dramáticas de una guerra.
Recordemos que los griegos, que nos enseñaron tantas cosas en la política y en la filosofía, fueron los creadores de los Juegos Olímpicos.
Ese acontecimiento se celebraba cada cuatro años y durante su realización los pueblos dejaban de guerrear y se “enfrentaban simbólicamente” en las competencias deportivas. Durante los “juegos olímpicos” los pueblos competían pero no se mataban.
En la actualidad este rol cumple el campeonato mundial de fútbol, el cual también se celebra cada cuatro años y en el mismo los países se enfrentan en una guerra simbólica.
Cada nación lleva su “ejército” con sus respectivos colores patrios; el estadio donde se disputa la “batalla” es similar a un coliseo donde existen torres y una fosa donde se produce el enfrentamiento; en las gradas el público con la “cara pintada” alienta a su respectiva “nación” con banderas y cánticos; los once guerreros disputan con gran ardor, defendiendo su territorio y procurando invadir el territorio enemigo.
Cuando llega el gol, la nación “explota” de alegría y cuando los jugadores retornan al país son recibidos como “héroes”.
Todo esto lo vivimos durante este mes de julio y lo que mucha gente se pregunta en este momento, es… ¿cómo podemos hacer brotar ese mismo sentimiento, sin irnos a una guerra ni jugar un partido de fútbol?
Cómo podemos hacer brotar ese mismo sentimiento para enfrentar “otros enemigos”, mucho mas importantes para la vida de los paraguayos.
La historia de las naciones nos demuestra que para mantener la unidad nacional, se necesita de un “enemigo común” a quien enfrentar y vencer.
Algunos países, como Estados Unidos encontraron el “enemigo común” en el exterior, como el comunismo en el pasado y el terrorismo en el presente.
Otros países, como el Brasil encontraron su “enemigo común” en el hambre que sufre una parte de su población. Esto hizo posible la creación de ese fantástico programa llamado “Fome Zero”, del cual participan el gobierno, las empresas y la sociedad civil.
En el Paraguay tenemos muchos enemigos comunes a quienes enfrentar, y que para vencerlos tenemos que dejar de lado nuestras rencillas internas y organizar nuestros talentos y nuestras energías.
Necesitamos ver a esos problemas como “enemigos” para hacer posible la unión nacional, sin la guerra y sin el fútbol.